December.





La antítesis que provocaban sus manos al tocar esa calurosa taza de café la hacía estremecerse de placer. Nunca le había gustado el café, se repetía siempre. Pero esta vez se veía obligada para no caerse derrumbada por el cansancio de aquellos días. Casi había perdido la noción del tiempo. Las dudas y la indecisión la corroían por dentro. Su cabeza era como un volcán en erupción, atormentado y lleno de indecisiones. No era capaz de dejar aislado el temor. Le acompañaba todas las veces que la aguja del segundero de su mesilla avanzaba. Ella no era consciente de que lo hacía a grandes zancadas.

Y se iba, poco a poco, escapando de esa ciudad dormida que en pocos días ella tendría que abandonar. Estaba en aquella corroída silla absorta por sus pensamientos. Sólo tenía una cosa clara: iba a huir de esa ciudad que no la dejaba ser quien era. Debía escapar. Lo necesitaba. La monotonía la atrapaba dentro de sí misma. Y esa era su oportunidad de oro. De decir adiós, arrivederci, bon voyage!

O quizás la única.

4 comentarios:

Prometelo dijo...

precioso texto, ideal para una tarde de invierno (:
Besos desde GODBLESS USA
http://saymecome.blogspot.com/

Annie Montauk dijo...

A veces es inevitable desear escapar y ese deseo se materializa en algo tan simple como el café...

Bonito texto y fotografía, me encanta :)

Re-play dijo...

Me gusta el texto, es como tranquilo, no se :) Me gusta mucho la foto del cafe! jajaja Un beso

Loli . dijo...

Todos deseamos escapar de vez en cuando . Muy lindo texto :)